30.6.06

Apagando

Este blog está muriendo lentamente, sin dolor, sin sufrimiento. Pero es un hecho. Y la verdad es que no me importa demasiado, puede que sea porque prefiero destinar el poco tiempo libre que tengo a otros usos.
No sé cuánto va a durar, pero supongo que no tardaré en cerrar definitivamente algo que se arrastra desde hace un mes con más pena que gloria.
De alguna forma, la cuenta atrás ha empezado.
Y esto no es una película americana de acción, donde en el último segundo el héroe corta el cable correcto y la bomba no explota.
Por desgracia.
O sea que, queridos lectores. id recogiendo. No os olvidéis de cerrar la puerta suavemente después de salir.
El ojete puedéis dejarlo entreabierto.

29.6.06

Fondo de escritorio

28.6.06

Laca(gaste)

Hacía dos días que el calentador no funcionaba y le olían los sobacos y la entrepierna a fosa séptica. Aunque la temperatura ambiental era de 25 grados centígrados, la humedad del 64%, el viento SSO de 8 kilómetros/hora, la visibilidad atmosférica de 9,99 kilómetros y el punto de condensación de 17º, odiaba el agua fría. Prefería oler que notar la sensación helada sobre su piel tan sumamente delicada.
Pero la gente ya empezaba a mirarla mal y tuvo que tomar una decisión: se ducharía sin agua caliente, arriesgando su buen humor. Abrió el grifo y se mojó un pie y después el otro, una pierna y después otra, hasta llegar al abundante vello púbico, que se resistía a las bajas temperaturas del líquido. De mal humor, dejó el teléfono apoyado en el suelo de la bañera y se humedeció el resto del cuerpo con las manos, enjabonando a conciencia cada rincón, cada poro, cada lunar.
Lo peor fue el aclarado. Intentó mojarse el pecho pero desistió al comprobar que los escalofríos la dejaban rígida. Se secó directamente y al salir de la bañera pisó un montoncito de pelos que estaba junto a la alfombrilla. Una resoplido de agobio salió disparado de entre sus labios, el cansancio de ver que todo estaba sucio y no tenía tiempo de limpiarlo, el hastío de la incomodidad donde debería sentirse más confortable.
Se aplicó el desodorante, la crema hidratante y se roció con dos gotas de perfume. Tomó un Marlboro de la cajetilla y se lo llevó a los labios. Lo encendió con la mano izquierda mientras con la derecha dirigía el spray de laca hacia su cabeza, para ganar tiempo. La deflagración fue rápida y potentísima. En pocos segundos toda su larga cabellera había desaparecido, junto con sus cejas, sus pestañas y el vello facial. Ciega y con la cara como Freddie Krueger se abalanzó sobre la bañera en busca del chorro de agua fría. Helada. Gélida. Glacial. Congelada. Frígida.

27.6.06

Guiado

No estoy acostumbrado a no salirme con la mía. Suelo determinar bien mis objetivos y optimizo los recursos para conseguirlos con la menor dificultad y el máximo ahorro de tiempo. Por eso, él me desconcierta.
Por una parte le tengo, pero por otra está a años luz de mí. Lo noto en cada palabra no pronunciada, en cada gesto no hecho, en cada caricia no dada. Lo puedo ver en sus ojos, que reflejan comodidad de estar junto a mí y, a la vez, ausencia total de deseo.
Y eso es lo que más me engancha. Puede que si se entregase totalmente yo me cansara pronto, como un niño con un juguete caro. O puede que no, aunque estoy convencido que eso nunca llegaré a comprobarlo.
Creo que se siente agradecido pero no sé exactamente por qué. Creo que le gustaría que yo le gustase. Creo que esta va a ser una relación extraña, de baja implicación, al borde de la caducidad.
De todas formas, por ahora me satisface y creo que a él también. No hay compromisos, no hay explicaciones, no hay renuncias. Por mi parte hay ganas de verle, de acariciarle, de escucharle y de explicarle de nuevo lo que ya he contado tantas veces.
No hay expectativas, tampoco. Es algo que puede durar mucho tiempo como está o acabar hoy mismo. Es algo que dudo que se transforme en una relación más sólida aunque nunca se sabe.
Esta vez no hago planes y dejo que las cosas sucedan sin intervenir demasiado. Sin interferir. Noto que es lo que necesito y sé que él es lo que quiere. Por una vez, dejaré en blanco el punto “Objetivos” y pasaré directamente a actuar sin estrategia, sin un plan director que me señale hacia dónde y cómo ir.
Navegaré sin brújula y sin mapa, a ciegas, sólo guiado por la intuición y por los caminos que mis dedos irán marcando sobre su piel suave, orientado por sus ojos y dirigido por cada uno de sus silencios y por su ausencia.

26.6.06

Paralisis

En el trampolín de la piscina.
Montado en la bicileta, ante un barranco por el que los demás se lanzaban sin temor.
En una grieta bajo tierra, deseando volver a ver la claridad del sol.
Ante la voz de mi padre, anunciándome su muerte próxima, con tono tranquilo.
Después de discutir, con el chico más cercano en la distancia, y darme cuenta por enésima vez del sinsentido de nuestra relación.
En la playa, bajo un sol demoledor.
En casa, a punto de coger su mano entre las mías, indeciso, inseguro.
En mi estado de coma sentimental, incapaz de tomar el timón de mi vida.
Me he sentido paralizado muchas veces. Sin voluntad de actuar, sin fuerzas para orientarme. A veces ha sido el terror lo que me ha impedido moverme. A veces ha sido la sorpresa. A veces no he sabido qué era lo que tenía que hacer y no tenía a quien preguntar.
En esos momentos me he sentido indefenso, desprotegido. Mi primera reacción ha sido negar. No tengas miedo, no te ahogarás. No pasará nada, no te caerás. No temas, detrás de esta grieta aparecerá la luz solar. No, no puedes morir ahora. No, la relación aún puede salvarse. No, no puedo levantarme. No, él no siente lo mismo por mí. No, no hay nada que hacer.
Mi segunda reacción ha sido racionalizar. O huir. Ante lo minúsculo he optado por no actuar: no me tiré a la piscina, no me lancé por el barranco. Ante lo grave afronté la situación: conforté a mi padre, le aseguré que no quedaría ninguna cuenta pendiente y que podía marcharse en paz. Y estreché su mano entre las mías y noté un calor que nunca más volvería a sentir. Y supe que ese gesto enterraba años de indiferencia y que los pocos días que pudiéramos disfrutar juntos desentumecían corazones paralizados por la falta de palabras, de caricias y de calor.
La razón puede acabar con los miedos. Aun así, alguna noche me acuesto y oigo algún ruido en la habitación que me desvela. Un sudor frío me cubre la frente y me protejo bajo las sábanas, mientras busco argumentos que hagan callar las voces, los crujidos o el sonido de pasos que se acercan. No, no hay nadie. Estás solo. Totalmente solo.

25.6.06

Tatuaje

24.6.06

Autoridad

23.6.06

La carta nunca escrita

Querida mamá,
Hace mucho tiempo que me rondaba la idea de escribirte. Pero pensaba que era absurdo, considerando que llevas más de quince años muerta y por lo tanto nunca leerás esta carta. De todas formas, y aunque me siento en paz conmigo, sigo pensando que te fuiste sin que te contara algo importante.
Lo que en ese momento me estaba destrozando la vida, mi gran vergüenza, mi secreto, mi mentira, mi verdad a medias es hoy agua pasada. Pero era el motivo de mi tristeza, de mi silencio, de mi miedo a enfrentarme a otras personas, de mi pasión por la soledad, de mis tardes encerrado en mi habitación, llorando, maquinando planes para pasar a la posteridad cuanto antes mejor.
Yo me culpabilizaba porque te idolatraba. Y no debería haberlo hecho, aunque cuando se es niño es muy sencillo admirar. Y cuando se es adolescente es imprescindible hacerlo. No podía ver ningún fallo en ti, ningún error, cero defectos. Por lo que me reprochaba tener que dañar esa perfección, algún día, con una noticia que creía que caería sobre ti como un piano de cola desde un sexto piso.
Callé. Me mordí la lengua cada día. Disimulé. Fingí que no pasaba nada pero detectabas que algo ocurría porque nunca pude ocultarte nada. Y estoy convencido de que lo sabías pero preferías no saber. Intuías pero lo negabas.
Si lo hubieras aceptado me habrías ayudado. O si al menos hubieras hecho el esfuerzo de intentar entenderlo. Pero optaste por simular que no sucedía nada extraño. Si pudiera rebobinar la película, si pudiera volver a interpretar mi vida pasada una vez más, te lo contaría, aún a riesgo de defraudarte. Yo también quise ser perfecto y a veces aún hoy sigo pretendiendo serlo, aunque no sé qué es lo que quiero demostrar ni a quién.
No creo que después de la muerte exista un más allá. No tengo fe en reencarnaciones, edenes, cielos, valhallas ni otros mundos después de éste. No nos volveremos a cruzar porque no habrá nada. Solo vacío. Por eso he aprendido por fin que aquí no se viene a sufrir, en espera de una merecida recompensa después de la muerte. Tú eras una profesional del sufrimiento, criada en una familia más insana que la de la matanza de Texas, casada con alguien que te ignoraba y puede que el único consuelo fuera la esperanza de una existencia mejor. Espero sinceramente que la hayas encontrado pero me permito dudarlo.
Mientras tanto, ya libre de cargas, me entrego a disfrutar de lo único que tengo, que es mi vida. Sin peajes y sin reproches. Sin rencores enquistados ni penas acumuladas. Y sé perfectamente que si me vieras (si me ves) te sentirías orgullosa de haberme engendrado exactamente tal y como soy, y que no desearías cambiar ni un solo punto, alterar una minúscula parte de mí para convertirme en un hijo más cercano al ideal.
El auténtico amor es el que no tiene necesidad de expresarse en voz alta. Por eso callo, cierro los ojos y experimento la tranquilidad y la plenitud de haber llegado donde nunca creí que se podía estar.

22.6.06

Mi vida sin mi

Estos días, estas semanas, tengo la sensación de que me he quedado sin vida propia. De hecho no es así porque me sigo levantando por las mañanas, sigo desayunando, trabajando, comiendo con amigos (aunque menos de lo que es habitual), yendo al gimnasio (también menos), cenando en casa o fuera y posteando. Pero la sensación no me abandona.
Estoy absorbido y abducido por los clientes, por los proyectos, las reuniones, las presentaciones, las sesiones creativas. Los días cunden, las horas viajan a la velocidad del sonido, las semanas desaparecen sin darme cuenta de que realmente han pasado siete días.
El tiempo deja de ser tiempo. La playa ya no es playa, es un espacio donde me tumbo a pensar en las tareas del despacho, donde planifico los trabajos en una obra de ingeniería digna de los arquitectos de las pirámides, para hacer caber en el planning un proyecto más, un presupuesto más, una nueva llamada, otra entrevista, una visita.
Desfallezco. Llego tarde. Sin noción de qué ni cómo. La luz del sol desaparece y no he tenido conciencia de que han pasado veinticuatro horas. Mañana de viaje. El sábado posiblemente vuelvo a trabajar. E incluso el domingo. De noche mi cabeza no para de pensar. Necesito un momento. Un segundo de relajación. Dentro de diez minutos una cita. Otra vez pendiente del reloj. Así es mi vida. Es mi vida sin mí.

21.6.06

Ropa interior



Llego a casa después de un día como cada día. Abro el buzón y recojo un sobre con dos libros: Hasta que te encuentre, de John Irving y El atentado, de Yasmina Khadra, ambos regalo de un club cultural al que pertenezco (y no como otros, que solo están afiliados al Messenger y a webs con alto contenido pornográfico). También ha llegado el último recibo de la luz y una nota manuscrita.
Es un pedazo de papel rasgado con el siguiente mensaje:
“Hola! Se me ha caído una camiseta a vuestro balcón. Si no os molesta la recogeré por la noche. Gracias. 3º 2ª Claudia”.
Me he acercado hasta el balcón para comprobar si la camiseta estaba ahí, tal y como el papel decía. Ni rastro. Ni está sobre la barandilla ni sobre el suelo. Ni sobre el ficus ni sobre la palmera. Ni sobre el nenúfar ni sobre los geranios. Ni sobre las cuerdas de tender. Ni sobre la regadora ni sobre las macetas vacías.
Por lo que me pregunto lo que habrá pasado, dadas las consecuencias imprevisibles que puede acarrear a su legítima propietaria dicha desaparición. Podría ser que una gaviota cegada por el hambre haya confundido la pieza de ropa con una ensaimada mallorquina y se la haya llevado? O que uno de los loros del patio haya decidido secuestrar la camiseta y pedir un rescate? O que alguna paloma distraída se haya cagado sobre ella y en un ataque de culpabilidad la haya llevado a la tintorería, para devolverla limpia, planchada y con un suave aroma de frescor floral?
Probablemente no ha pasado nada de todo esto. Pero cualquiera le dice otra vez a Claudia que su ropa no está en mi balcón, después de que en todos estos años haya venido a buscar ya unas bragas, unos sujetadores, unos calcetines, un camisón y un bañador con resultados siempre insatisfactorios.
Porque encima va a pensar que soy un fetichista de la ropa interior de mujer. Y mis perversiones son muchas y variadas pero esa en concreto puedo jurar que no la he ejercido nunca. Cosa que no diré sobre la ropa interior masculina.

20.6.06

Rosas

Tengo que reconocer que odio los blogs repetitivos. Los que siempre hablan del mismo tema. Por eso no voy a contar nada más, de momento, de Carlos. No voy a decir que ayer también dormí con él en su casa, abrazado a su espalda. No voy a explicar que le estuve observando mientras se dormía. Tampoco voy a hablar del tacto ni del olor de su piel. No voy ni siquiera a sugerir la comodidad de su compañía.
Tengo que admitir que odio los posts empalagosos. Los que hablan de mieles, azúcares, sacarosas y otras sustancias edulcorantes. Por eso no voy a contar nada más, de momento, de Carlos. No voy a hablar de la cara de tonto que se me quedó cuando leí su SMS donde me invitaba a pasar la noche con él. No voy a explicar las ganas de fundirme con él y de estar dentro de él. Tampoco voy a hablar del deseo de que él esté dentro de mí.
Tengo que reconocer que odio los blogs de tinte rosáceo. Los que anuncian amores a bombo y platillo para después anunciar rupturas con la misma cantidad de instrumentos de percusión. Por eso no voy a contar nada más, de momento, de Carlos. No voy a hablar de lo enamorado que estoy porque no lo estoy. No voy a explicar lo enamorado que está porque no lo está. Tampoco voy a hablar de lo felices que vamos a ser viviendo en nuestra casita de chocolate.
Tengo que reconocer que a veces odio mi blog, cuando es repetitivo, empalagoso y rosáceo. Pero también debo admitir que nunca se había escrito antes sobre estos temas de forma tan acertada, sensible y con una prosa de depurada simplicidad y belleza como la mía.
Si alguien va a lanzarme flores, que sean rosas por favor.

19.6.06

Vida inteligente

18.6.06

Opcion B

Bien, yo ahora mismo me disponía a postear. Pero resulta que cuando he abierto el documento de Word para empezar a escribir me ha llamado Carlos por si me apetecía ir a ver una película en su casa. Evidentemente me muero de ganas.
Y he empezado a pensar… ¿qué hago? ¿Me quedo a cumplir con mis obligaciones bloggeriles o me voy a disfrutar de lo que posiblemente puede ser una noche al lado de un tío que me vuelve sencillamente loco?

17.6.06

Fantasia

Ahora que estás dormido y sé que no puedes oírme, voy a contarte una fantasía. En ella me veo junto a ti, tumbado sobre la arena de una playa, a las siete de la tarde. El sol ya está bastante bajo pero aún calienta y el mar está frente a nosotros, de un verde oscuro casi azul.
Los dos estamos desnudos sobre una toalla, cómodos, en paz. Me inclino hacia ti y te miro fijamente a los ojos, intentando averiguar lo que debes estar pensando. Mientras tanto, tú apartas la mirada y sonríes, dejando ver tus dientes, alargando un brazo y tirando de mí hacia tu cara.
Toda tu piel está hirviendo, como la mía. En tus ojos hay deseo, como en los míos. Te sientes lleno, como yo. Lo tienes todo, como yo. Tu estómago aún se encoge cuando oyes mi voz al otro lado del teléfono, como la mía al oír la tuya.
Al cabo de un rato, nos vestimos y andamos hacia la moto. En cinco minutos estamos en casa. Cenamos y me cuentas tus planes de irte lejos durante un tiempo y me siento feliz por no querer retenerte, porque sé que es lo mejor para ti. Nos acostamos y nos dormimos abrazados, para apartarnos después, húmedos de sudor, cada uno hacia su lado de la cama.
Yo me despierto temprano, con la primera luz del día. Me reclino a tu lado y observo tu respiración. Sobre ese pecho he dormido. Sobre esos abdominales he reído. Sobre esos brazos he soñado. Sobre esas piernas he fantaseado. Te veo dormido a mi lado y como sé que no puedes oírme te cuento algo en voz baja, muy despacio, susurrando en tu oído mi fantasía.

16.6.06

Pasado presente

Creía que había perdido mi móvil y a decir verdad lo había olvidado dentro de un armario. Creía que había traspapelado una documentación importante cuando en realidad la había archivado tan meticulosamente que era incapaz de encontrarla. Creía que Carlos se había perdido en el pasado lejano cuando de pronto apareció a mi lado, en la playa, exactamente igual a como se había desvanecido mucho tiempo atrás: joven, bello, con un aire ingenuo y un magnetismo irresistible.
Le pedí el número de su móvil y le dije que le llamaría, cosa que hice un par de días después. Quedamos a cenar y nos contamos siete años de nuestras vidas en dos horas y media. Yo le miraba y me gustaba lo que veía: el movimiento de sus manos, el brillo en sus ojos, la timidez en su sonrisa, la forma de ladear su cabeza, su mueca de interés o de despreocupación al escuchar. Yo le deseaba. Yo siempre le he deseado.
Le deseé la primera vez que le vi, hace diez años, cuando yo estaba realizando la prestación social en una asociación de gays, lesbianas, transexuales y otros engendros contranatura. Él entró y nos miramos de una forma como si nos conociéramos de toda la vida. Al cabo de un tiempo entablamos conversación e intercambiamos algunos fluidos.
Apareció Lluís en mi vida y la relación con Carlos quedó abortada, aunque probablemente nunca habría pasado de la fase fetal.
Después de cenar le invité a casa, vimos una película y me preguntó si podía quedarse a dormir. Me gustó la naturalidad y la comodidad al sentirme a su lado. Me gustó acariciar su piel suave, besar sus labios rojos, notar sus dientes blancos en mi lengua, su polla dura en mi mano, sentir su peso sobre mí, el olor de su cuello, el sabor de su sudor, el tacto de su cabello.
Esta mañana le he dejado dormido en mi cama, acurrucado con la almohada pegada a su cuerpo. Le he arropado, le he acariciado muy levemente la mejilla y le he besado tiernamente en el culo. He salido de casa con una sonrisa tonta en la boca y aunque el cielo estaba muy nublado, he podido ver el azul radiante a través de los cristales de mis gafas y notar el calor del sol sobre mi pecho.

15.6.06

Cifras

Ayer fui a comer, como de costumbre, a la playa. Después de un revuelto de nosequés y nosecuantos, que por cierto estaba delicioso, y un arroz caldoso con marisco y pescado de temporada me dirigí hacia la terraza que está junto a la arena, donde solo quedaba una sitio libre.
Así que me acomodé, de cara a la luz y al cielo azul, junto a una mesa ocupada por un turista joven de unos 25 años, probablemente inglés. Su aspecto era un poco extraño, con unas gafas de sol que me recordaban a las de Gary Oldman en Dracula, unos dientes amarillentos por el abuso de la nicotina y los cientos de sustancias tóxicas de los cigarrillos, una cazadora de piel de vaca muerta y un reloj de señor mayor, como sus pantalones, sus zapatos y su peinado anticuado. De pronto sacó una libreta de periodista de un bolsillo de la chaqueta y escribió apresuradamente unos números.
Y empecé a elucubrar. Primero pensé que apuntaba el dinero que llevaba gastado en Barcelona donde estaba pasando unas aburridísimas vacaciones, a juzgar por su expresión hastiada y su cutis mortecino. También podía ser que tomase nota de la gente que le gustaba, o de la que tenía sobrepeso, o de los que llevaban el pelo teñido o peluquín. Incluso cabía la posibilidad de que contase los marlboros que llevaba fumados desde el día de su nacimiento. O los polvos echados. O los coños comidos. O las pollas feladas. O los niños asesinados y enterrados en su jardín, en el que crecen unas buganvillas que son la envidia de todo el suburbio donde reside.
Y seguí pensando, porque mi cabeza prefería, por una vez, entretenerse en el misterioso extranjero que deleitarse en la observación de los glúteos turgentes de los bañistas. Una conjetura posible era que simplemente escribiese cifras en su libreta sin ningún significado, ni tan siquiera para él mismo. Solo para mantenerme entretenido en mi escaso tiempo libre. O que fuese una especie de código secreto de activación de las cabezas nucleares coreanas. O que su profesión fuese la de sudokista y estuviera preparando los pasatiempos que tanta agilidad mental nos proporcionan y tan negro me ponen cuando no los consigo resolver.
El seguía apuntando y sumando. Y mientras tanto asentía para sí mismo, disfrutando de un nuevo cigarrillo que le dejaría una sonrisa menos agradable, unos labios menos besables, un aliento fétido y la punta de los dedos del color del pergamino. En ese momento tuve la certeza de que anotaba los días que llevaba solo, sin una mano que rozase su piel de cera, sin unos labios que aliviasen su sonrisa amarga, sin una mirada de complicidad, sin sentirse deseado, sin hablar con nadie. Sumaba y sumaba mientras cada una de las cifras le recordaba su búsqueda silenciosa, su espera vacía, sus tristes vacaciones en Barcelona.

14.6.06

Reharakiri




(Recreación ficticia de una conversación en la sede central de Nissan Motor Co. Ltd., 17-1, Ginza 6-chome, Chuo-ku, Tokyo 104-8023, Japón)

Director de Marketing: Necesitamos un nombre para el proyecto H3PH. Ideas?
Brand Manager: Sí, amado y venerado Director. A mí se me ha ocurrido llamar al nuevo vehículo Moco.
DM: Qué es Moco? Qué significa?
BM: Moco no significa nada en especial. Es un nombre que se nos ha ocurrido en el departamento, fruto de un brainstorming.
DM: Siga.
BM: Gracias, señor. Moco es una palabra divertida, de sonoridad agradable, fácil de pronunciar en todos los idiomas. Y lo mejor de todo es que no tiene ningún significado.
DM: Está totalmente seguro? Acuérdese de lo que nos pasó en Mazda por el caso que usted y yo sabemos y que prefiero no recordar… No significará algo relacionado con la prostitución en español, verdad?
BM: En absoluto, señor. Lo he comprobado. He verificado todos y cada uno de los sinónimos para describir a las abnegadas damas que alquilan sus cuerpos a horas.
DM: Está bien. Me gusta Moco. Es simpático. Ha tenido usted una gran idea. El nombre me parece muy apropiado. Adelante.
BM: Es un gran honor, excelentísimo Director.
DM: No hay de qué. Puede usted cogerse media hora a cuenta de vacaciones. Lo merece.
BM: No encuentro palabras para agradecerle su infinita generosidad y benevolencia, su visión de águila y su capacidad para tomar sabias decisiones.
DM: Puede sentirse orgulloso del Moco.
BM: Puedo?
DM: Debe.

13.6.06

Harakiri




(Recreación ficticia de una conversación en la sede central de Mazda, 1-1 Nihookimachi, Minami-ku, Hiroshima, Japón)

Director de Marketing: Necesitamos un nombre para el proyecto RX-009. Ideas?
Brand Manager: Sí, amado y venerado Director. A mí se me ha ocurrido llamar al nuevo vehículo Laputa.
DM: Qué es Laputa? Qué significa?
BM: Laputa es un lugar ficticio relatado en el libro Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift. Es una isla flotante, que puede ser dirigida por sus habitantes a cualquier dirección. Eso nos va muy bien para transmitir la idea de maniobrabilidad y de vehículo urbano.
DM: Siga.
BM: Gracias, señor. Los habitantes de Laputa están muy interesados en las matemáticas y la tecnología, pero no saben emplear sus conocimientos con fines prácticos. Gulliver descubre que se dedican más a pensar proyectos que a ponerlos en ejecución. Por ejemplo, en su visita a la tierra de Laputa, Gulliver es informado de que han "descubierto" dos satélites de Marte (un siglo antes de su real descubrimiento), que pueden "oir" un libro mediante el proceso de abrirlo y marcarlo en una página para que una máquina lo lea y han creado maravillas tales como un espejo que permite conversar con cualquier personaje histórico.
DM: Me gusta. Es culto. Hay una historia detrás de esta marca. Ha tenido usted una gran idea. El nombre me parece muy apropiado. Adelante.
BM: Es un gran honor, excelentísimo Director.
DM: No hay de qué. Puede usted cogerse dos horas a cuenta de las vacaciones. Lo merece.
BM: No encuentro palabras para agradecerle su infinita generosidad y benevolencia, su visión de águila y su capacidad para tomar sabias decisiones.
DM: Puede sentirse orgulloso de Laputa.
BM: Puedo?
DM: Debe.

12.6.06

Invertido

Tema el sobre hoy decir que tenía que lo aquí hasta.
Cuadrados metros 20 de piso mi en obras interminables las de después esfumado han se inversión de fondos mis: confesión segunda mi y. Recuerdo yo que lo por, años seis los a empezó culos los por obsesión mi: confesión primera mi va aquí inversiones e invertidos de va cosa la que ya y.
Primordial es ahora pensar no, estado mi en y. Tema un en pensar falta hace siquiera ni, total. Digna quedar puede hasta y. Mal está no idea la, horas demasiadas con semana una de después creativas capacidades escasas mis dadas, que reconocer debo extremo el hasta neuronas mis debilitadas pero dedos mis recuperados vez una. Invertido post primer mi escribir decidido he, sincero ser para, apetece me tampoco ni escribir qué sé no como.

11.6.06

Szup’er Gluie 32

Tennngo udn pin que es un mbuñeco de Playjmobil. Es muuy mmono. Hjoy lo llevavba en la soilapa de la amm,ericana, qwue he dejhado en el resspaldo dde mi sillla. La Princwesa Lunbar se ha sennntado, y en uyno de sus attaqwues de riisa, se ha avbalanzado sobre el mmuñeco,, que se ha deszprenndildo de la aghuja mettállica.
Tann prronto cxomo he llleghado a cazsa he iddo a buszxcar mi bottelllita de SUp’er Gluie 34 para rep’arar el pin. Hhe puersto una ghotta en la piieza mmetálñica quue coontyiene el alfgiler yy lo hhe peghasdo a la eszpa`lda deel m,uñe´co. Cxon ttan maala patta quue la ghjota hha adqwuiirido vbida preopia yy ha reszvbalaado hhaszta misz deddfos.
Sze mme hann pe`ghado el dedio coraszón y ell anuular dde la maamno izzqwuierrda coon el pu`lghar, el íindiice yy el coorazxón de la deerechja.
YY nno os poodeéis imnaghinar lo didfícxil qwue es ezscribbir un ppo`st dighno een eszttas xconmdicionnes.

10.6.06

Se acabo la discusion

9.6.06

Proyectos

Pensaba que esta sería una semana corta. Pensaba que mañana cogería la bicicleta y me iría a la playa. Pensaba que después me acercaría al gimnasio y comería un plato de ensalada con arroz y pechuga de pollo a la brasa. Pensaba que por la tarde leería un rato La paciencia de la araña y por la noche saldría a cenar con algún amigo. O con alguna amiga. Pensaba que el domingo también tomaría el sol y después iría al cine.
Pues bien. Una vez más se demuestra que pensar tanto no conduce a nada. En dos días todos los clientes que permanecían en letargia cual lagartos en medio del desierto de Atacama han resucitado. Y todos ellos tienen mucha prisa, como es natural después de pasar semanas o meses deshojando la margarita.
Por lo tanto, pasaré mi fin de semana con la Princesa Lunar en el despacho, trabajando en varios proyectos a la vez, con la perspectiva de la peor quincena en lo que va de año. Estos últimos días no he tenido tiempo de nada. Las horas han pasado volando, entre reuniones, sesiones creativas, estrategias y caipirinhas.
No me gusta desengancharme del blog, que para mí es un momento de gimnasia mental necesaria para desconectar de mi trabajo, pero así son las cosas. No puedo viajar de momento por la blogosfera, no puedo comentar los posts mediocres que escriben algunos bloggers ni los textos apasionantes que postean otros. Tampoco puedo acercarme por el chat.
Solo puedo estar sentado en mi mesa de color gris, entre mis paredes de color gris, rodeado de mis libros y de mi insustituible Princesa. Intentaré publicar cada día, pese a las jornadas decathlonianas que me (nos) esperan.
Ser el mejor tiene sus peajes y éste es uno de ellos: todo el mundo quiere trabajar contigo. Todo el mundo te quiere. Todo el mundo te envidia. Todo el mundo desea tu compañía. Todo el mundo te pide consejo. Todo el mundo admira tus ideas. Todo el mundo calla cuando tú hablas. Todo el mundo aprende cuando te escucha. Todo el mundo se empalma cuando te lee.
Incluso yo.

8.6.06

Fun management

Dirigir una empresa es algo que forma parte de mis responsabilidades (en mi tarjeta de visita está la palabra “Director” impresa), aunque nunca me ha gustado ejercer de empresario. Me aburre la gestión y me indigesta todo lo relativo a los aspectos financieros y económicos, además de la prospección de nuevos clientes, que es algo auténticamente laxante.
Intento divertirme mientras trabajo siempre que puedo. Creo en la risa no como método de relajación sino como pieza fundamental de la filosofía del negocio. Pasión y diversión deben ir de la mano para que el tercio de nuestras vidas que pasamos dentro de una oficina no sea una verdadera tortura.
Aplicando, pues, la técnica del gurú Gianis sobre fun management, hoy me he llevado a la Princesa Lunar a trabajar a la playa. Hemos desviado las llamadas telefónicas al móvil, hemos cogido el ordenador portátil, los dossieres correspondientes a dos de los proyectos que tenemos en marcha y nos hemos montado en la Vespa, rumbo al mar.
Hemos aterrizado en el chiringuito sobre las once. A esa hora sólo había una mesa ocupada por una turista de la tercera edad que parecía un dragón de Komodo. Hemos pedido unos zumos de naranja artificial y nos hemos puesto manos a la obra, de cara al sol y sin la camisa nueva.
Al cabo de un rato, cuando ya habíamos terminado con nuestro zumo y estábamos a media caipirinha, ha aparecido una mujer morena de unos 45 años, ataviada con camiseta ajustada rosa y pantalones negros. Inmediatamente se ha puesto a bailar junto a nosotros, ajena a las miradas de todo el paseo marítimo. Después del baile, se ha quitado toda la ropa, vociferando que ella era la primera persona de Barcelona que había practicado el top-less. Al cabo de un rato se ha sentado en la mesa de al lado, donde dos turistas ingleses que se deleitaban con unas cervezas, han empezado a temer por sus vidas. Ojiabiertos y boquicerrados, temblando de la cabeza a los pies, han optado por ignorarla, mientras ella hablaba en un idioma extraterrestre para sí misma. Al echarse un poco hacia atrás, ha perdido el equilibrio y se ha precipitado en caída libre sobre la arena, en un amasijo formado por la silla, sus piernas, sus brazos, su bolso, sus pestañas postizas y los largos pelos de su sobaco, que parecían cables de teleférico.
Mientras la Princesa Lunar hablaba con un cliente por el móvil, me he levantado y he bajado los escalones hasta la playa, para ayudar a la pionera del top-less a levantarse, puesto que había quedado medio hundida en la arena. Después de comprobar que no se había roto ningún tentáculo, la he cogido del brazo y la he puesto en pie, tarea difícil dado el tonelaje de la presa. He regresado junto a la Princesa Lunar y hemos terminado nuestro trabajo, entre risas, caipirinhas y miradas a los bañistas desde nuestras gafas de sol. Hemos recogido el ordenador y los papeles y nos hemos dirigido a la civilización, más morenos y de mejor humor. Y encima yo me he sentido fantástico por haber ayudado a la prójima.

7.6.06

Apariencias

Aparentemente lo tiene todo. Es un chico deportista. Le rodea una multitud de amigos fieles. En el instituto es el más popular y le envidian sanamente por ello. Su mamá le adora. Su papá también. Y es el favorito de sus hermanos y hermanas. Y de sus primos y primas. Y de sus abuelos. Y también es el objeto de deseo de una niña con la que se cruza cada día a eso de las siete de la tarde.
Aparentemente es feliz. Sonríe con una boca llena de incisivos, caninos y premolares tan blancos que duele mirarle. Sus carcajadas suenan francas y sinceras y se contagian más fácilmente que el ántrax. Sus chistes son agudos, sus comentarios afilados.
Aparentemente es perfecto. Es ordenado y aplicado. Es el rey en la cancha, el campo y la piscina. Es el centro de atención. Es el yerno que toda maruja aspira a tener. Es el compañero ideal. Es el cabello que todo peluquero desea peinar. Es la muela que todo dentista sueña con admirar. Es la abdominal que cualquier entrenador personal que se precie aspira a haber moldeado. Es el cliente al que todo camarero quiere servir. Es el hombro sobre el que quieres apoyarte. Es la mano que ansías coger. Es la polla que fantaseas felar. Es la mirada donde quieres verte reflejado. Es la primera imagen con la que quieres recrearte al despertar.
Aparentemente nada puede salirle mal. Ni lo merece ni tienta a la suerte. Nadie puede desearle ningún mal. Nadie puede odiarle o castigarle. Nadie puede perturbar su serenidad. Nadie puede rozar su intranquilidad.
Aparentemente vive para disfrutar y para alegrar la vida de los demás. Pero hay algo que no funciona como es debido. Hay una angustia en lo más profundo. Hay un pinchazo en el estómago. Hay un mal sabor de boca. Hay un alma que se encoge. Hay una mente que se desboca. Hay un corazón que no puede seguir el ritmo. Hay un aliento entrecortado. Hay una lágrima que se abre paso sobre una mejilla sonrosada. Hay una verdad negada. Hay un papel sobreactuado. Hay un recuerdo de un muchacho aparentemente presente, perennemente olvidado.

6.6.06

Funambulistas

Dentro de un tiempo todo habrá desaparecido. No quedará ni un edificio en pie, ni una sola persona viva. Los animales se habrán extinguido. Las plantas se habrán secado. Los desiertos o las grandes masas de hielo cubrirán el planeta, que ya no será azul.
Las calles por donde paseamos, los parques, las playas en que nos tumbamos, los semáforos donde esperamos, las camas sobre las que eyaculamos, todo habrá dejado de existir.
Habrá nuevas glaciaciones, con sus consiguientes extinciones. Y si no, un meteorito caerá y correremos la misma suerte que los dinosaurios. Seremos solo fósiles que una nueva civilización descubrirá con curiosidad, para acabar expuestos en una vitrina de un museo. O el sol estallará y todo el sistema solar desaparecerá en cuestión de segundos. O nuestra estupidez congénita nos llevará a la autodestrucción. Ocasiones no faltarán. Solo una cosa es segura, y esa cosa es que todo tiene un final. Nada es eterno. Ni las nieves eternas. Ni las verdades eternas.
La fragilidad es nuestro estado natural. Andamos constantemente sobre cuerdas flojas, en permanente balance y a punto de perder el equilibrio. Bajo nosotros no hay red de protección que pueda amortiguar la caída y aunque nos damos cuenta simulamos que no.
Y cuando estemos en el vacío, en plena caída libre, no tendremos tiempo de arrepentirnos de lo que no hemos hecho. Es aquí y es ahora. Es ahora y es aquí.

5.6.06

En la civilizacion

Todo está cuidado. Todo es perfecto. Las montañas están cubiertas de césped hasta la cima. Las flores decoran con sus radiantes colores los balcones de los chalets, las cunetas de las carreteras y las riberas de los riachuelos.
Los caminos están limpios de malas hierbas. Las vacas pastan en prados inmaculados, con su piel vacuna reluciente como si acabara de ser cepillada, entonando sus característicos mugidos. Los cucos cantan en los bosques del Jura mientras el viento mece apaciblemente las ramas de los altos abetos.
Los conductores respetan escrupulosamente los límites de velocidad, nadie sobrepasa los 120 kilómetros por hora en la autopista, todos ceden el paso en las rotondas, las señales de tráfico son seguidas al pie de la letra en cada calle, carretera y camino rural.
Incluso los gatos aplastados sobre el pavimento están dispuestos de tal forma que parece como si un funcionario de la confederación helvética les hubiera colocado en una posición estéticamente decorativa.
No hay ni un solo papel fuera de las papeleras o un chicle recién pisado o una caca de perro acabada de defecar. No hay plásticos, pieles de naranja o colillas de cigarro. Los fumadores desarrollan su actividad exclusivamente en las zonas habilitadas para ello. Los comensales conversan pausadamente en los restaurantes sin levantar jamás la voz y los camareros son genuinamente amables y simpáticos, además de políglotas. Sin ir más lejos, la chica que nos servía el desayuno cada mañana hablaba correctamente inglés, francés, alemán, portugués, entendía el español y el italiano y tenía nociones de serbocroata. Y no era una excepción. Si Gracita Morales levantara la cabeza su pasmo sería tal que nunca más se atrevería a emitir uno de sus característicos graznidos.
De vuelta a Barcelona el taxista que me lleva a casa escucha una COPE donde se anuncia el fin de España. Fuma Ducados. Insulta a los otros conductores. Circula a 150 por la ronda litoral. Escupe por la ventana y echa la ceniza fuera. Me deja en la puerta de casa y cuando le pido una factura rechista tan fuerte que uno de mis tímpanos casi revienta. Le pago con un billete de 50 euros y su mirada es tan asesina que creo que nunca más voy a recuperarme de tal inyección de rabia y odio.
Y estoy tentado de decirle que me lleve de vuelta al aeropuerto para coger un vuelo en dirección a Ginebra, para sentirme de nuevo en la civilización, rodeado de seres humanos y vacunos civilizados, respirando aire limpio y oyendo el monótono canto de los cucos. Cucú-cucú-cucú.

4.6.06

Hoy no

Mañana sí.

3.6.06

Suiza

2.6.06

Electricista


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1.6.06

Un maestro chacinero en cada estuche



Desde ahora en España es fácil ser chacinero y yo no me había enterado de esa noticia hasta que descubrí el Chorizol. Y es que después de la arquitectura, la danza, la escultura, la música, la pintura, la literatura, el cine, la fotografía, la historieta y la felación, parece ser que la chacinería se erige con orgullo como undécimo arte, por encima de la televisión, la publicidad o los videojuegos.
Antiguamente se necesitaba una gran sapiencia y experiencia para amamantar al cochinillo y convertirlo en un gorrino de pro que debía devenir un lechón orgulloso. Algunos ejemplares selectos de la piara pasarían a ser dignos verracos destinados a perpetuar la especie mientras que otros engrosarían la lista de cochinos destinados a la matanza. Todo ello con gran profusión de fetidez, toneladas de purines y otros procesos de gran complejidad y fecalidad.
Para poder desarrollar el arte de la chacinería, el Gran Maestre de la Orden del Animal de Bellota debía acercarse hasta el puerco y clavarle un gancho en la papada, tarea harto difícil pues el puerco solía oponer resistencia y gruñía con una intensidad de 8,5 grados en la escala de Richter. Se debía proceder después al degüelle del marrano, desagradable pero imprescindible costumbre tan arraigada en la piel de toro y tan provechosa para la economía rural.
El siguiente paso era el socarrado del gorrino mediante la combustión de helechos secos (Polysticum filix-mas) y ramos de piorno (viburnus), raspándole la piel para eliminar las cerdas y desposeyéndole de sus preciadas pezuñas.
Podría describir minuciosamente todos los pasos de la matanza hasta que el animal es convertido en salchichones, morcones, jamones, butifarrones o morcillones de venta en nuestras mejores charcuterías y plazas de mercado pero probablemente nadie llegaría hasta el fin de un post tan documentado, dada la escasa capacidad de concentración del lector medio español.
En resumen: el Chorizol es el producto revolucionario que convierte en chacinera al ama de casa más ocupada pero no por ello menos exigente, al cocinero amateur de fin de semana e incluso a los retoños que se acaban de independizar y temen al fogón más que a la Agencia Tributaria. Basta con comprar 5 kilos de carne picada, añadir el Chorizol y amasarla con un poco de vino (que puede ser de tetrabrick), cubrir la masa con un paño y dejarla reposar doce horas en lugar fresco para que fermente. A la hora de embutir se aconseja utilizar tripa de cerdo bien limpia y escurrida aunque pueden emplearse también condones usados reservados para tal efecto. Una vez efectuada dicha operación, hay que colgar las ristras en un local templado durante uno o dos días para que oreen y a continuación hay que pasarlas a un ambiente fresco y ventilado hasta su curación total.
Ser chacinero ahora es fácil. Tú puedes. Yo puedo. Todos podemos.
Ser chacinero es chachi.
Buen provecho.


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