Abusón
Soy un individuo al que repugna la violencia. Jamás he participado en una pelea, ni cuando parece que es obligatorio hacerlo, en la niñez, esa etapa absurda de la existencia en que la cría de humano debe demostrar su territorialidad y su crueldad ilimitada a base de golpes y vejaciones a los más débiles.De hecho, en esa fase tan prescindible del crecimiento, yo era un ejemplar bastante enfermizo y pálido. Si en ese preciso momento la supervivencia de la especie hubiera dependido de mí, la humanidad ya podría darse por liquidada. Pero por desgracia el destino de la raza no estaba en mis manos. Dada mi obvia falta de vitalidad, mi cuerpo huesudo y mi cara hundida no era necesario que los líderes naturales de la manada se batieran conmigo. No atraía a las niñas, excepto a Marta, un cruce de roedor y babosa solo apta para ser portavoz parlamentaria del principal partido de la oposición, cuya existencia pasaba desapercibida a todos, confundida entre las manchas grises de los despintados muros de la escuela.
Yo no representaba una amenaza, no podía disputarle a nadie la codiciada plaza de macho dominante. Solo destacaba por mi inteligencia, pero eso es algo que siempre pasa inadvertido al abusador de turno, incapaz de distinguir entre una metáfora y una lata de conservas de calamar en su tinta. Mis años en el colegio fueron relativamente tranquilos, sin demasiados miedos. Solo los estrictamente necesarios e inevitables, como por ejemplo el terror a ser visto desnudo por mis compañeros en el vestuario del gimnasio. El miedo a los insultos, a la mofa, el reparo por mostrar un cuerpo delgado, esquelético, insignificante frente a sus torsos bien formados, atléticos, sus músculos en proceso de desarrollo, sus risas potentes, seguras y demoledoras.
Me ignoraban todos. Los poco dotados intelectualmente me despreciaban por mi superioridad corroborada siempre por notas excelentes y elogios de los profesores. La maestra nunca escatimaba gestos de aprecio hacia mí, porque pensaba probablemente que mi esperanza de vida era mucho más corta que la del resto de la clase. Puede que ni tan siquiera se tratase de aprecio, probablemente era solo una muestra de compasión. Las chicas por suerte no me prestaban ninguna atención. No tenía bíceps. Carecía de abdominales. Mi cabello no brillaba. No vestía con ropa de marcas apreciadas por las adolescentes de la época, cosa que en silencio le reprochaba a mi madre, la encargada de intendencia de nuestro hogar, que no podía entender que el éxito dependiera de un nombre en una etiqueta. Que sarcástica es la vida.
Nunca, por lo tanto, necesité defenderme de un ataque. No aprendí llaves secretas para desnucar al agresor. El enemigo, sencillamente, estaba dentro y contra ése no había golpes de karate, judo, taekwondo o jiujitsu que valieran. El abusón estaba instalado en mi cerebro y vivía tan ricamente disfrutando a solas de sus vejaciones, creciéndose en cada risotada, viéndome agachar la cabeza, tapándome la cara con mis manos de uñas mordidas, concienzudamente devoradas.


2 Comments:
A veces leo un post tuyo y leo el anterior o el siguiente y casi juraría que soís dos personas distintas (por lo menos) los que escribís en este blog y no uno.
Porque te has quedado en pelotas y expuesto y no ha sido la única vez.
Y ,cuando siempre tienes comentarios, aquí no los tienes, casi como si hubieran pensado, no no, qué va, esto no da juego...
Pues te diré que este es para mí uno de los mejores. Uno de los más sinceros, porque gianis, hay veces que te leo y no te creo.
Hay veces donde pienso que este es tu diario y que la agresividad que eres capaz de impregnar no es algo propio de tí, sino más bien algo propio de el día que acabas de vivir, porque siempre escribes por la noche.
Sólo se indigna el que siente mucho, sólo se altera el susceptible, sólo grita el que más calla.
Yo nunca te he tenido enfrente y esto no es más que una impresión, pero creo que si alguna vez te tuviera enfrente con un café entre nosotros al final de la charla y al levantarnos, y al despedirnos, me quedaría con la impresión de que he estado hablando con una de las personas más dulces que he conocido en mi vida.
yo siempre me hacía amigo de los abusones, but anyway, me he sentido muy identificado con tu post, como con tantas otras cosas. soy tb fan tuyo, as you may know
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