Relectura
He entrado en su blog una vez más, no sé por qué.He ido directamente al primer post que había escrito, en julio de 2005 y me ha sorprendido volver a ver la foto que ya había olvidado por completo. He pensado por un momento si le reconocería si me lo llegara a encontrar en la calle, un bar o incluso un wc público. Seguro que no, teniendo en cuenta que me había cruzado un par de veces a mi padre y ni siquiera me había dado cuenta de su presencia.
Supongo que me atrae porque nos parecemos demasiado. Y no puedo evitar sentir cariño por ese ser desgraciado que fui, del que todavía quedan algunas trazas. Esa mezcla de autocompasión, deseo, clarividencia, pesimismo, falta de autoestima, inteligencia, singularidad, defectos, autocrítica, lucidez, ese cóctel agridulce, a veces amargo, casi nunca dulce, una mezcla que ahora se me antoja muy atractiva y entonces me parecía como si me hubiera rociado con una especie de líquido repelente.
Desde fuera los personajes atormentados siempre resultan fascinantes, especialmente para aquel tipo de persona, entre los que me cuento, tendente a desarrollar sentimientos de protección. Nada más motivador que un pobre chico triste que necesita consuelo, nada más cercano, me sé de memoria cada sentimiento, cada punzada, puedo revivir cada uno de mis fracasos en sus líneas, en las palabras que escribe, en frases que hubiera podido redactar yo mismo.
Mi vida vivida ahora por otro. Los mismos desengaños, el mismo vacío, el mismo aguijón clavado en la base del estómago después de una breve mirada, tal vez imaginaria. El mismo deseo asesino de amar y la convicción de que nunca será posible. La prueba real de que no era el único, de que no somos los únicos, aunque una constatación como esta nunca sea un consuelo.
Desde mi retiro en el mar de la tranquilidad espero que me vaya contando su vida, pedacito a pedacito, ya sea una simple erección en el vestuario del gimnasio o una noche de sábado encerrado en su habitación. Para reconciliarme definitivamente y aprender a observar con simpatía aquel chico tímido, silencioso, inmensamente triste que vivió en mi interior hasta no hace demasiado tiempo.


2 Comments:
Pareciera que sé de quién hablas. Haste de mí podría ser, con los años separando los mismos sentimientos.
ya sé de quién hablas tb. y me pregunto, ¿en qué momento un ser atormentado logra salir de su tormento? pq animaria bastante saber que hay salida, aunque uno siempre se lleve algo de este lastre de por vida
Publicar un comentario en la entrada
<< Home