6.5.08

Señales

No quiero oir palabras cariñosas, no quiero ver miradas enamoradas. No quiero que te pases las horas observándome mientras duermo, pendiente de mi respiración y de mis movimientos. No quiero que te desesperes esperando una llamada que no llegará, un mensaje que no escribiré, una señal que jamás voy a emitir. Conduces por una zona donde es demasiado fácil perderse sin un buen plano de carreteras.
Tú puedes tener tus sueños, alimentar tus deseos. Puedes acostarte solo en tu cama, en tu pequeña habitación, tiritando de frío, de miedo, exasperado por ser invisible para todos, un mero pedazo de carne, solo un cuerpo sin alma perceptible. Puedes cobijar esperanzas, claro, si eso hace que despertarte por la mañana sea menos duro, más llevadero. Puedes aparcar una vez más ante la misma puerta, con nuevas ganas de verme salir solo.
Huiste de tu casa, de tu familia, de tu cuarto compartido con tus hermanos. Te marchaste para acabar aquí, saltando de habitación en habitación, todas vacías, de paredes blancas, sin cuadros, sin ornamentos, sin fotos, sin nada personal, ni una sola huella de ti, ni un indicio minúsculo de tu presencia. Como un coche de alquiler. Impersonal, anónimo, manejado por cientos de manos sin cuidado.
Nos hemos cruzado ya varias veces y hemos dormido algunas noches. No te he tratado como estás acostumbrado, con violencia y poco respeto. Te he acariciado y te he abrazado, te he mirado como a una persona y no como si fueras un simple desconchado en la pared. He buscado tu placer y he conseguido que lo encontraras. Te he dado lo que los otros te suelen quitar. Te he ayudado a llegar a destino sin sobresaltos, baches ni averías.
No me extraña, pues, que te confundas, todos andamos algo perdidos en situaciones como esta. Por eso yo voy sembrando el camino de señales de tráfico, especialmente stops y direcciones prohibidas, semáforos en rojo y carteles bien visibles de prohibido pasar. Y al final del camino, después de todas las curvas peligrosas, las rotondas, los ceda el paso y algún peaje, aparecerá la temida señal de calzada sin salida.
Ahora aún dispones de tiempo para maniobrar pero todo parece indicar que pronto habrá un nuevo accidente, otro número en las estadísticas, otro corazón abierto y hecho añicos, partiéndose en finas leznas como un pedazo de carbón ya quemado y exhausto. No por abusar del alcohol, no por el mal estado del asfalto, no por consumir drogas, sencillamente por no haber respetado las luces rojas de aviso.

2 Comments:

At 6/5/08 15:49, Blogger Perl Oui c'est moi said...

Eres un canalla, pero con clase... :)

 
At 7/5/08 16:36, Blogger gianis said...

espero que la clase no me libre de la hoguera

 

Publicar un comentario en la entrada

<< Home


Hit counter