15.6.08

Fu y fa

Un día de octubre me puse manos a la obra y abrí mis puertas, sin pensar en ninguna de las consecuencias que ello podía suponer. Empecé a contar con detalle quién era, sin ficciones, sin mentiras, anónimo y desnudo. No sé por qué explicaba lo que explicaba, no había un plan diseñado, no había objetivos, ni un donde estoy ni un donde quiero estar. Simplemente recordaba historias y las reproducía tal como se habían almacenado en mi memoria, como yo las había empaquetado y ordenado en algún lugar remoto de mi cerebro.
Abrí las puertas y dejé entrar. El aire desempolvó imágenes y algunos sentimientos que no se habían tocado en mucho tiempo. Con las ráfagas de viento fresco todo parecía bastante más nítido: lo que antes había sido bochornoso, hoy simplemente era gracioso; lo doloroso, amistoso; lo cruel, indoloro.
A fuerza de contarlas entendí algunas cosas o eso me pareció. Me repetí a menudo, escribiendo lo mismo una y otra vez. Las puertas seguían abiertas, nunca se volvieron a entornar, y por ellas entraron y salieron amigos, conocidos y muchos desconocidos. Muchos visitantes sin nombre y sin cara, viajes fugaces, historias efímeras que no merecen ser relatadas ya que no dejaron ningún rastro detectable.
Un día de marzo decidí que todo lo que podía decir estaba dicho y todo estaba ya escrito. Las historias que tenían que ser aireadas circulaban libres por ahí y al deshacerme de ellas había soltado tanto lastre que me sentía ligero y ascendía a mi encuentro, cada vez más arriba, más elevado, hueco, liviano.
Entonces callé, dejé de remover recuerdos. El silencio duró bastante tiempo hasta que algún día de algún mes mis dedos sintieron otra vez la necesidad de contar alguna historia, quizás una sensación o incluso algún que otro deseo.
Como había tomado la precaución de no cerrar ninguna puerta no costó nada entrar una vez más. El lugar seguía siendo el mismo, todo continuaba en su sitio, con algo de polvo encima, pero en definitiva era el hogar que había dejado allí para volver algún día. Aún me sentía en casa, entre mis libros, mi música, mis viejos amigos.
Y esa es precisamente una de las sensaciones que me producen mayor satisfacción: el regreso, la vuelta a mi sitio, a donde pertenezco, donde los que me quieren saben que me pueden encontrar y donde los que afirman que les dejo indiferentes pueden comprobar cómo mi vida sigue libre por completo de su presencia.

2 Comments:

At 17/6/08 16:48, Anonymous Anónimo said...

Así me gusta...menos mal que no era otra despedida, porque tenía toda la pinta...
RCUE

 
At 25/6/08 11:27, Blogger Hairblue said...

Abandono el mundo blog por una temporada para hacer las américas, "Mamá quiero ser artista" dije con ocho años y nadie lo ha podido parar. Fuiste mi inspiración en cuarto curso. Besos Moribundos.

 

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