Fugaz
Deseé ser un adolescente otra vez. Sin más preocupaciones que mis exámenes de final de curso o dónde salir el fin de semana. Por un momento, mientras observaba su cara inocente, su nariz recta, su cabello castaño cayéndole sobre su frente pensé que me habría gustado cambiarme por él, pero solo por un momento.Volver atrás, en plena inmadurez, saboreando cada minuto de inconsciencia, revivir una adolescencia pero no la mía, esa no. Con una vez ya fue suficiente. Regresar a una juventud menos triste y menos amarga, volver a desear enamorarme, a explotar abrazado a otro cuerpo, sentir de nuevo esa intensidad, ese fuego que abrasaba a todos los que se atrevían a acercarse. A veces sueño con despertar un día en mis veinte años para hacer lo que nunca hice, para poder saber lo que es haber sido valiente cuando tocaba serlo.
Con casi cuarenta años es sencillo estar equilibrado y dejar de sufrir por lo que sabes que no puedes manipular. Calma, ahora está todo tranquilo. Una superficie lisa que se altera pocas veces, un lago fresco de aguas profundas, nada que pueda intimidar a los bañistas que penetran en su interior.
Pero al ver su cara, su sufrimiento a penas escondido en su mirada, sus ansias mal disimuladas de ser poseído deseé solo por un segundo más rodearle con mis brazos, apaciguarle, besar sus ojos, sabiendo que nunca pasaría nada de todo eso, que me limitaría a imaginar como otras tantas veces. Y que, en caso de que algún día se hiciera realidad, yo sería el primero en echar a correr, en escapar de esa mirada que tanto me había atraído ese momento, en huir de esa parte de mi que se niega a conocerse y a mejorarse, que se autocomplace en ser como es.
Aparté la vista. Cerré los ojos. En mi oscuridad seguí viendo por algunos instantes su perfil. Poco a poco se difuminaba, se perdía. Sobrevivió una sensación de desasosiego que duró menos de un minuto, tiempo suficiente para hacerme ver que algo todavía seguía por arreglar, por repensar. Deseé el contacto de sus labios sobre los míos. Deseé su olor, lamer su sudor para que entrase por mi olfato, mi gusto, mi tacto y mi vista. No necesitaba ni oir ni pronunciar una sola palabra.


1 Comments:
No importa lo que vaya a decir ahora. Pero este relato me ha gustado mucho. El deseo/aversión. Querer y no querer pero seguir queriendo aun sabiendo que no es lo que se busca.
Me he sentido reflejado tanto en el adulto como en el adolescente... debe ser la edad del pavo que la arrastro como si fuera la toalla húmeda.
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