Ahí están
El aroma de los croissants de chocolate de la vieja pastelería. Las calles desiertas en agosto. La puerta metálica verde del ascensor. La plaza de parking donde él estacionaba el coche. La antigua guardería de la señorita Helena. La bodega donde comprábamos los refrescos. Los patos del estanque del parque. La oficina donde trabajaba mi madre. El tostadero de café donde compraba las chuches. El quiosco donde nos guardaban las revistas. La tapia que nos obligaba a dar un buen rodeo para entrar en el parque. La vaquería donde iba a recoger la leche fresca. La tienda de juguetes donde había un enorme tren en el escaparate. El muñeco eléctrico que se accionaba con un botón. La lámpara de la habitación. Las viejas revistas de decoración de mamá. Los antiguos cuadros que papá pintó antes de ser cabeza de familia. La colcha de cuadros azules. El mantel de ganchillo. Los ojos azules de la abuela. La risa de mamá. Los mapas de mi hermano. La caja de compases. La enorme culpa. El deseo reprimido. El miedo irracional.Nada de eso existe ya físicamente. Pero todo está registrado en la memoria. El recuerdo no deja escapar ni el más mínimo de los detalles de la infancia olvidada de ese niño de pelo de paja en verano y ojos de laguna en invierno.


1 Comments:
Tenemos que esperar dos años para dos post.......y yo tardo en acordarme de esta página y vuelvo mucho meses más tarde.
Pero siempre vuelvo.....será que es la primera tarde de primavera del año o será que Gianis siempre será Gianis
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